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martes, febrero 06, 2007


Ahora o Nunca. Eduardo y Alumbra.


No se puede hacer nada puro. No se puede tener nada completo.
Pero se puede amar hasta la locura. Y se puede odiar para siempre.
Estan, claro, aquellos que nos juzgan, aquellos que nos mienten.
aquellos que no comprenden, aquellos que no escuchan. pero están también aquellos que nos aman, que son muchos menos. pero ellos querrán comprender y escuchar, sin juzgar. Y valen la pena. Los demás? les digo Mierda. Les digo a la mierda. Les digo Almereyda.
Vamos a vivir en aeropuertos.

martes, enero 30, 2007

calle abajo


Eduardo como una boya en el mar. Pero feliz. Un feliz Eduardo todo lágrimas o todo revolotear de alguaciles boyando por la ciudad, esperando un micro más. Parado, sin pesar, Eduardo sabe esperar y desesperar. No pesa pero siente peso delante y detrás, mientras llora como un tonto. Ha sido un día especial.
Especialmente Eduardo pegado al cuero pegado al respaldo pegado al asiento pegado al micro, despegado de Eduardo, siente hoy más que todos lo que pasa a su alrededor. Quiere, como nadie en este colectivo, retenerlo todo y llevárselo a casa pensando en que tal vez dure hasta mañana esta emoción. Sencillamente Eduardo despegar en el micro y apretar en los brazos el último rayo de sol. Sonrisas del afectado Eduardo junto a la ventanilla y tras ella la ciudad, no su ciudad, no la de Alumbra, pero la ciudad de ambos, la que se guardó toda su agresividad para regalarles lo otro, lo que había en la parte que no es la palma de su mano, en la camisa, en la ventana, en el tiempo subjetivo de los que se duermen al amanecer.
La ciudad es la ironía de la belleza dentro de lo horrible, hija de un dios dadaísta y aburrido. Pero como para quienes saben que hay más, para los afortunados aquellos para los que siempre hay más, también para Eduardo y también para Alumbra hay más que la ciudad, y por eso aprendieron a amarla. Y bajar, intocable astronauta Eduardo caminando sobre terreno lunar, esparciendo luces allá y aquí. Canta, Eduardo es feliz.


de Edwardo Almereyda. El libro de las flores.

martes, enero 23, 2007




de edwardo almereyda. El libro de las flores.
cuando eduardo conoció a alumbra



Durante días y noches se esforzó, incansable, para crear en sus manos un mapa perfecto del cuerpo de Alumbra. crear y recrear en sus manos los huecos y las curvas y así poder reconstruirlo cuando lo deseara. talló detalladamente en sus palmas todos los instantes, de la caricia al roce, para que quedaran grabados en ellas.

habrá sido por el miedo a ser efímero.


No le importó que otros, tiempo atrás, le hubieran ya regalado coronas de papel de cigarrillo: el le regalaría ahora las suyas, y llenaría con ellas sus valijas. y haría lo necesario para parecerle mágico.

habrá sido por la necesidad de expresarse.


Atrapó cada poema de amor y cada canción que encontró, coleccionando así recuerdos de ella para retenerlos con los dientes apretados y para defenderlos con garras estridentes. para siempre tener a Alumbra cerca de su pecho y dejarla brotar como una orquídea cada vez que sintiera su falta.

habrá sido por el deseo de recordarla.


Buscó por doquier la manera de mejorar su cuerpo, de mejorarse, de crear mejor y de entender mejor. ser mejor por el deseo, un honesto deseo de ser y hacer el bien, nacido de un mundo nuevo: un mundo hecho de carne y de viento, donde el peso de su cuerpo era realmente su peso.

habrá sido por el placer de amarla